
Les recuerdo que todo lo que lean aquí es pura ficción y nada tiene que ver con la realidad. Igualmente, como decían en la serie de televisión “Misión Imposible”, esto se podrá destruir en cinco segundos, el tiempo que ustedes terminen de leerlo y lanzarlo a la papelera.
Hay veces que te levantas de la cama y no sabes si has soñado o ha sido un hecho real. Te alegra saber que fue un sueño cuando se te caían los dientes o que te estabas ahogando en el mar… igual te apena despertar y ver que ha sido ficción o ensoñación aquel premio que te había tocado o aquel estupendo viaje que estabas realizando…
Las cuestiones de fe, las devociones, las creencias… nos han sido inculcadas sin que logremos ver la realidad. Las diferentes formas de vivir la religiosidad no son más que creencias en ese espíritu que logra convencer a nuestra conciencia, para que se sienta libre de culpas. Recurrir a un miedo real (fuego) para inculcar una pena ficticia. Infundir el temor al averno como castigo eterno o prometer edenes inmortales como recompensa de lo realizado en el campo terrenal.
¿Cuántos de nosotros ha asistido a un milagro que no sea provocado por la casualidad o por las leyes reguladoras de la naturaleza? Milagro es la propia vida de las especies, el nacimiento de una planta, el proceso de la lluvia, el universo mismo. Lo demás son elucubraciones para crear en los seres, que hemos tomado conciencia de nuestra propia existencia, la necesidad de estar subyugados a un poder, unas veces por las armas y otras de manera sutil, a través de la conformación de miedos y castigos.
Esto, que ya nos parece deleznable, ha servido para convertirnos en rebaños, no como concibiera “Cristo” en sus enseñanzas: “rebaños de hombres justos y de conciencia libre” sino en aborregados, sumisos, con una devoción hacia algo ficticio retroalimentándose durante siglos. Pero estamos en los albores de una era cibernética, atrás han debido quedar inquisidores, hogueras y brujas. Hace mucho que la cruz de madera se convirtió en cruz de oro, que, gracias a los medios de comunicación, sabemos que, quienes pregonan fe y devoción, cariño al prójimo y ayuda al desvalido, están al lado del poder, denigran al débil, detestan a quien es distinto… ¿Dónde queda la esencia de esa devoción?
¿Cuál es el valor de un pueblo que se deja llevar por la ficción? Pues, al final las devociones se convierten en folklore. Porque como dice el refrán: “la ficción salva, la realidad mata”, pero a ambas las necesitamos para ser como somos. Lo que todos creen es devoción es simplemente postureo, para ser admirados, un narcisismo creado para regocijo de ellos mismos. De esa forma, confeccionan una idílica imagen de su persona, que en realidad rechazan.
Todos nos alimentamos, los medios, los negocios, los que pululan alrededor, la sociedad entera. Nos gusta la mentira, fardar de devoción para poder vivir, el ser humano es incapaz de reconocer la realidad, su realidad; y necesita la ficción, aunque lleve en la conciencia el auto convencimiento de que se engaña.