veleidad

Tus ojos mil veces me dijeron que me amabas,

mas,  tu boca calló siempre.

Tus manos se acercaron temblorosas, otras tantas,

pero,  nunca me abrazaron.

Tus labios, un millón,  amagaron con besarme,

 y otro tanto se apartaron.

 

Éramos dos púberes entonces,

dos almas limpias que se encuentran.

Fue el amanecer, la esencia,

algo  puro,  irreverente.

Lo más grande que he sentido,

quizás de mi existencia.

 

Tíbias  noches de felicidad en vela,

soñando, solo sueños.

Anhelando tu presencia,  días de espera,

de estar junto a ti.

Vivir cada minuto, cada instante…

de sentirte cerca.

 

Y… tanto amor, mató al amor,

fue un desespero.

Porque el amor, sin el adobo del sexo,

se evapora.

Porque el amor, que recurre a  los sentidos,

se afianza.

 

Pondré siempre en la escala de mi vida,

tu presencia.

Cuando en mi afloran sentimientos,

tu imagen se presenta.

Te enquistaste en mi cabeza como ónice

en la piedra.

 

 

 

Deja un comentario