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Manada es un conjunto de animales, sobre todo salvajes, de la misma especie que se desplazan juntos, tienen un interés común. Así lo define la Real Academia Española, pero  creo que la RAE se queda un poco corta en su definición cuando se trata de “manadas” de hombres que  se burlan,  acosan, derriban y abusan… e  incluso matan a sus congéneres del sexo femenino, para su satisfacción y  deleite.

Es  muy triste, condenable  que un hombre o grupo de hombres abuse de una mujer,  sea la situación que sea y en el estado en que se encuentren. Es deleznable que un grupo ejerza su fuerza para reducir a un semejante para destrozar su cuerpo y su espíritu. Pero es más despreciable cuando esos hombres, algunos de ellos, pertenecen a Cuerpos de Seguridad  del Estado, son funcionarios que se suponen tienen autoridad, han pasado unas pruebas y unas cribas psicológicas para acceder a la Guardia Civil o al Ejército… y cuya principal misión de sus cargos  es la defensa de los propios  ciudadanos.

La justicia, los jueces, creo, que  se están equivocando, todos los ciudadanos no podemos estar equivocados. La llamada “Manada” no solo ha perpetrado el hecho de Pamplona, ya tenían  antecedentes en Pozoblanco y otros actos exhibicionistas que ellos mismo colgaban en las redes, ya habían  fanfarroneado de sus felonías en los medios, en un estado lamentable y condenable.

Y claro, ocurre que en muchos puntos de nuestra geografía,  viendo que estos tipos continúan en libertad, que la justicia, sus abogados, recurren  a sesgos y efugios que tiene la Ley, amparándose en fallos de protocolos, en la certeza de que no podrán salir del país, en la espera para la vista de la sentencia, etc. pues están emergiendo otras “Manadas” ante la inoperancia legislativa y la contundencia con que se debería actuar en estos casos. Así ha ocurrido  en Callosa d’En Sarrià (Alicante),  en el sur de Gran Canaria y nos tememos que seguirán proliferando si no se les pone remedio.

 

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